Luis Alberto Crespo | Nicolás Maduro inició el 2021 declarando sobre algunas decisiones en el ámbito económico que pretende implementar: digitalización del bolívar, liberación de algunos niveles de importación y avanzar hacia un nivel de dolarización financiera, anuncios que no constituyen de un plan económico creíble para el país, sino acciones desarticuladas.

Lo cierto es que Venezuela enfrenta un nuevo año de gran incertidumbre sobre el desempeño económico venidero, afloran los traumas vividos en lo político, económico y social en momentos pre y pospandemia. Venezuela ha sufrido la destrucción más significativa en sus capacidades productivas en los últimos siete años, generando la precariedad del trabajo, pérdida de las condiciones de vida con sus consecuencias inmediatas expresadas en hambre, pobreza y desnutrición.

Se prevé que la producción interna en el país tendrá una caída sin precedentes de 26% durante el año 2020 según cifras CEPAL, lo que representa un derrumbe en los últimos siete años superior al 74% y significa, al mismo tiempo, la mayor destrucción de factores productivos en el país como: inversión, empleo y empresas.

El país transitó su tercer año consecutivo de hiperinflación con un índice nacional de precios al consumidor de la AN (INPCAN) de 3.713% demostrando la persistencia del fenómeno y sus consecuencias. La inestabilidad cambiaria se hizo presente y desde diciembre 2019 – 2020 el tipo de cambio oficial del bolívar con respecto al dólar aumentó en 2.275%.

A la crisis que atraviesa PDVSA se le suma la mermada producción de sectores no petroleros, las sanciones internacionales han incidido significativamente en la caída de los niveles de exportación del país en magnitudes importantes durante este 2020, en el caso de las de importaciones, las mismas aumentaron motivado a la liberación de ciertos bienes y servicio vía exenciones tributarias donde ahora es fundamental la participación del sector privado.   

La capacidad fiscal del ejecutivo nacional durante el 2020 estuvo muy limitada fundamentalmente por la caída de la producción en la principal industria del país, la cual se ubicó en el mes de diciembre por debajo de los 440.000 bpd según cifras OPEP, al mismo tiempo, la tributación interna cayó estrepitosamente en términos reales en medio del confinamiento por la pandemia.

Venezuela continúa aislada de las instituciones financieras internacionales e incumpliendo compromisos financieros de deuda desde el 2017, que lo colocó en una situación de default ante los acreedores internacionales.

En términos monetarios el país atraviesa la destrucción de su moneda por el fenómeno de la hiperinflación presente en el país desde el año 2017 y las erráticas políticas económicas del régimen, el bolívar hoy no cumple con sus funciones, y la dolarización transaccional desordenada avanzó como respuesta a las distorsiones monetarios, al finalizar el 2020 los precios de los bienes y servicios son expresados en dólares como también las transacciones en efectivo con esta moneda rondaban el 80%.

El salario mínimo actualmente en Venezuela representa menos de un dólar al mes, no significa nada, ha sido pulverizado por la hiperinflación situación que afecta a un número importante de trabajadores, jubilados y pensionados, dado que les impide adquirir los bienes y servicios necesarios para satisfacer las necesidades básicas en sus hogares, condenándolos a la pobreza. En medio de la dolarización algunos trabajadores y profesionales han logrado obtener sus ingresos en moneda dura y así poder compensar la perdida de su poder adquisitivo.

Al mismo tiempo, la crisis social en el año 2020 se reflejó en altos niveles de pobreza, hambre y desigualdad, los venezolanos padecieron los rigores de un régimen fracasado que condena a la población al empobrecimiento estructural, en medio miserables condiciones de vida. La Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI) reveló que:

  • 96,2% de los hogares encuestados se encuentran en pobreza de ingreso,
  • 54% calificó en el renglón de pobreza reciente,
  • 41% en pobreza crónica,
  • 79,3% de los venezolanos no tenían cómo cubrir la canasta alimentaria,
  • 45% de los hogares de la población económicamente activa trabajaba por cuenta propia, siendo este último uno de los grupos más afectados en medio del Covid-19.

Llega el 2021, tras un año muy difícil y lleno de adversidades con una economía reducida en sus capacidades productivas a niveles de la década de los 40 y transitando grandes desequilibrios fiscales, monetarios, cambiarios y comerciales. Las perspectivas para este nuevo año son de caída de la producción interna en 1,5 a 7% según analistas y el FMI. Algunos sectores aprovecharon la dolarización transaccional y lograron niveles de recuperación en medio de la debacle general.

Persistirán en este nuevo año fuertes niveles de inflación y constante depreciación en el tipo de cambio. Los niveles de importación aumentarán de manera significativa con pocas expectativas de recuperación de las exportaciones que cayeron aproximadamente en 46,8 % según cifras de Datanalisis, por ende, continuaremos observando otros sectores no tradicionales actuando con el mercado internacional y economía negra.

No obstante, debemos destacar que estamos en presencia de un viraje o reacomodo del modelo económico alejados del Plan de la Patria, en buena medida, impulsados por el colapso del modelo económico del régimen de Nicolas Maduro y los grupos de poder económico vinculados al régimen que se han visto afectados por las sanciones, siendo perseguidos por los organismos de control financiero y legitimación de capitales en el mundo debido a las dudas sobre el origen de sus inmensas fortunas procedentes de la corrupción u otros ilícitos, ellos hoy miran al país como su aliviadero político y económico.

Se vislumbran posibles privatizaciones con una visión fundada en la tesis del Estado mínimo que debe ceder activos a corporaciones económicas, en todos los ámbitos posibles: empresas, instituciones prestadoras de servicios, entre otras competencias del Estado de manera anárquica y como si fuera un botín.

Este viraje se apuntala con la “Ley Antibloqueo” un instrumento inconstitucional que pone en las manos de Nicolas Maduro y sus funcionarios el control absoluto sobre el manejo económico y financiero de la nación. Su ámbito incluye la administración de activos y pasivos, operaciones de mercado, privatizaciones, excepciones, inversiones, acuerdos internacionales sin consultar al poder legislativo y todo esto con el secretismo que le permite el mismo.

Transitaremos un 2021 en un país donde crecen las desigualdades y la inequidad estas se expresan en hambre, desnutrición y exclusión, potenciadas por la falta de servicios públicos esenciales, escasez de gasolina, represión, coerción a las libertades y control social, mientras más venezolanos siguen huyendo desesperadamente a otros países en búsqueda de mejores condiciones de vida, por lo cual, el fenómeno de la migración continua.

Sin embargo, los venezolanos en este 2021 no pierden la esperanza de vivir en democracia con bienestar e instituciones que enfrenten la corrupción, la ineficiencia y la violación de derechos fundamentales, donde se impulse el desarrollo y se respeten las libertades económicas.

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Luis Alberto Crespo

Economista, Msc. en Moneda e Inst. Financieras, Prof de Economía UCV.