Los venezolanos iniciamos el mes de julio con una noticia publicada por Bloomberg, y muy destacada por los medios nacionales, sobre la inminente eliminación de seis ceros a la moneda nacional a partir del mes de agosto. Se trataría de la tercera reconversión monetaria en Venezuela, significa la muerte prematura del bolívar soberano que desaparecería apenas cumpliendo su tercer año, además será el segundo cono monetario de Nicolás Maduro, quien es responsable de la destrucción del bolívar fuerte y del bolívar soberano.

El país ha transitado por un largo periodo de tres años y medio inmerso en el agresivo fenómeno de la hiperinflación, hecho que se confirma con las cifras de inflación anualizadas al mes de junio 2020-2021. Estas indican que cerró en 2.616%, según el Observatorio Venezolano de Finanzas, devastando lo que quedaba de la moneda venezolana. La noticia extraoficial de que el Banco Central de Venezuela, BCV, prepara una nueva denominación de la moneda que sustrae seis ceros, la emisión de nuevos billetes y monedas es totalmente factible y constituye la demostración del fracaso del régimen en materia monetaria.

Las economías asumen cambios en sus conos monetarios cuando se han visto obligadas a realizarlos dado que la familia de billetes y monedas en circulación no cumplen con las funciones del dinero. Por ello puede rezagarse ante el aumento exacerbado en los niveles de precios y, por lo tanto, deben actualizarse, bien sea por su antigüedad o la agresividad de la inflación, haciéndolos ineficiente y requiriéndose su actualización dado que lo correcto es que las monedas y billetes que circulan permitan generar un sano intercambio entre otras.

Es muy importante señalar que una nueva reconversión monetaria por sí sola no resuelve los graves problemas monetarios presentes en el país y la pulverización del bolívar soberano es ejemplo de ello; en un contexto donde la administración de Nicolás Maduro convive con un esquema multimoneda, que pasó de negar y confrontar el dólar norteamericano a aceptarlo y reivindicar su presencia en la dinámica económica venezolana.

Es evidente que existe la estrategia de cohabitar con otras monedas y operar con ellas, con alta preferencia en el dólar norteamericano, con el cual se realizan más del 67% de transacciones en el país, según cifras de Ecoanalítica. Sin embargo, en este contexto se debe resaltar las claras intenciones del régimen de Nicolás Maduro de mantener una moneda nacional como instrumento de pago, dado que podría seguir manipulando y maniobrando con ésta. Una acción desafortunada que desvirtúa las funciones del dinero y establece su uso como un instrumento para seguir ejerciendo control político y social.  

Esta tercera reconversión monetaria aparentemente, no estará acompañada de un programa económico creíble, que estabilice y oriente la recuperación económica del país. Por el contrario, solo será una medida que no atacará las dificultades de fondo y mucho menos el alza constante de los precios. Es una operación cosmética que eliminaría unos ceros al malogrado cono monetario y reexpresar sus denominaciones.

Asimismo, el BCV no tiene capacidad ni disposición de cumplir con sus funciones para coadyuvar en el saludable desempeño de la economía venezolana, ni del sano manejo de la cantidad de dinero que circula, y tampoco logra la estabilidad de precios y preservar el valor interno y externo de la unidad monetaria, dado que se ha limitado a monetizar los déficits del sector público, con las distorsiones monetarias que esto genera.

Ahora bien, así como en 2008, las empresas y el sector bancario nuevamente enfrentan grandes dificultades con sus sistemas administrativos con el manejo del bolívar soberano, dada la gran escala en la que se están expresando los montos de dicha moneda por las transacciones que realizan. Por lo cual, el bolívar es una moneda que nadie desea tener, ni intercambiar con ella y la dolarización transaccional desordenada llegó como respuesta a esa situación y poder restablecer algunos equilibrios económicos (precios, salarios, costos, inventarios).

Culmina el primer semestre de 2021, se proyecta que la inflación supere el 2000%, sería el cuarto año consecutivo de hiperinflación, que siga la constante depreciación del bolívar frente al dólar y que continuemos dentro del ciclo de depresión económica que impacta al país, por octavo año consecutivo. Prácticamente es un hecho, vendrá un nuevo cono monetario en el segundo semestre del 2021, que al final de este mismo año estará herido por la alta inflación que persistirá en el país durante ese periodo. 

En el marco de esto, el régimen avanza en la concreción de un conjunto de reformas en materia económica que se basan en la entrega de áreas estratégicas del país a capitales transnacionales de opaco proceder, ofreciéndoles condiciones especiales para se instalen en Venezuela. Mientras el capitalismo en el mundo asume un rostro más humano, Nicolás Maduro impulsa un modelo expoliador, depredador de la condición humana y ofrece a sus aliados económicos la mano de obra barata de los venezolanos, sin contratación colectiva ni seguridad social, altos niveles de desigualdad e inequidad en medio de una alta represión y persecución política.

El país requiere respuestas efectivas y contundentes en el contexto de la pandemia para enfrentar los impactos en materia de salud, económica y social. Sin embargo, solo vemos mayores niveles de represión, control social, corrupción, la opacidad en la gestión pública y desacertadas medidas económicas.

ACERCA DEL AUTOR:

Economista, Msc. en Moneda e Inst. Financieras, Prof de Economía UCV.