Es público que la oferta electoral del régimen, planes de gestión y sus motores quedaron en el rincón del olvido y representan el caos en Venezuela. Aquello que se llamó el socialismo de siglo XXI resultó una gran estafa que llevó al país a la mayor destrucción de sus capacidades productivas y producción interna, en los últimos siete años.

Nicolás Maduro inició este 2021 con anuncios en materia económica: avances hacia el bolívar digital, avances hacia la dolarización financiera, privatizaciones, digitalización de los sistemas de pago y mayor flexibilización en las importaciones, conformando esto, sin lugar a dudas, el viraje silencioso en materia económica del régimen, al deslastrarse de los objetivos del tan cacareado Plan de la Patria.

El régimen no tiene capacidad de respuesta en materia económica, aquel régimen arrogante y súper poderoso, por la fuerza de los ingresos petroleros quedó atrás, tal es su debilidad que no tiene capacidad de responder financieramente a los compromisos de administración pública, encontrándose dichas instituciones paralizadas y atrofiadas por la corrupción y presupuestos inexistentes.

Hoy en medio de los estragos de la crisis humanitaria compleja que atraviesa la nación, el régimen despliega grandes campañas publicitarias con la hegemonía comunicacional que construyeron todos estos años, tratando de presentar otras realidades de lo que ocurre en Venezuela, situación ya inocultable, aunque pretenden responsabilizar a otros del hambre, miseria, desigualdad, desnutrición y pobreza que ocurre en el país.

Tenemos un país deprimido económicamente y en caos, sin embargo, la economía parece haberse librado de un Estado todo poderoso intervencionista y represivo, que hoy se encuentra en minusvalía por la corrupción y la ineficiencia, saqueado por esa clase política que se instaló en el poder con un modelo económico y político parasitario alimentado del rentismo, dilapidando los inmensos ingresos del sector petrolero cercanos al billón de dólares. Ahora reconocen públicamente que se acabó la renta y le exigen sacrificios al pueblo.

Como resultado de todo esto, el símbolo monetario venezolano (bolívar soberano) es despreciado en el país, ya no marca la actividad económica, ni las relaciones de intercambio. La hiperinflación hizo de las suyas y la destrucción de nuestra moneda venezolana cuenta dentro de sus estragos. Las familias y empresas desde finales del 2018 migraron al uso de monedas duras como estrategia para poder realizar sus actividades por las dificultades que imponía actuar con un bolívar pulverizado.

En medio de este contexto de crisis, el 05 de marzo el Banco Central de Venezuela anunció la ampliación del cono monetario con la entrada en circulación de tres nuevos billetes con la denominación de 200.000, 500.000 y 1.000.000. La voracidad de la hiperinflación en el país que inicio su cuarto año consecutivo ya hace risible las nuevas especies, las cuales nacen sin poder de compra. El billete de mayor denominación significa una chupeta.

Es un sinsentido la impresión de estos nuevos billetes con denominaciones rezagadas o destruidas que no coadyuva a resolver el problema de la escasez de billetes en el país, más bien evidencia que los anuncios de Nicolás Maduro sobre el “Bolívar Digital” al inicio de este 2021 fue al margen de una estrategia consensuada con la autoridad monetaria.

Estos billetes nacen rezagados, indudablemente, generan un daño patrimonial a la nación dado el costo y su poca efectividad por la destrucción del Bolívar Soberano como símbolo monetario, que perdió sus cualidades o atributos como dinero, lo que motiva su rechazo y abrió paso a otras monedas para realizar las operaciones de intercambio (dólar norteamericano, Euro y peso colombiano). Las piezas del cono monetario están rezagadas, escasas y son prácticamente inútiles.

Hoy tenemos un Banco Central inerte y estéril al servicio del Dictador, el resultado del ataque continuo a la institucionalidad del BCV dio sus adversos resultados para el país. Venezuela perdió la autoridad monetaria, institución encargada de velar por la estabilidad de precios, preservar el valor interno y externo de la moneda y administrar las reservas internacionales, entre otras funciones de vital importancia.

A dos años y siete meses de la reconversión monetaria, que consistió en la eliminación de cinco ceros al bolívar y la entrada en vigencia de un nuevo cono monetario en el país, Venezuela tiene una moneda aún más destruida en un contexto donde persiste la hiperinflación. Lo hemos expresado con mucha responsabilidad, en Carmelitas queda un edificio con un directorio que actúa en contra de los objetivos para los cuales fue creado y opera como una gran maquinaria proveedora de bolívares con el objetivo de cubrir el enorme déficit fiscal del régimen y la corrupción.

En medio de la emergencia humanitaria compleja que atraviesa el país, quienes ostentan el poder no dan respuesta a la crisis que vivimos los venezolanos. Y más bien el centro de su accionar son consignas y anuncios vacíos de contenido, mientras la crisis llega a magnitudes donde está en juego la vida. En este 2021 las familias venezolanas siguen huyendo por las principales fronteras del país en la búsqueda de mejores condiciones de vida.

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Luis Alberto Crespo

Economista, Msc. en Moneda e Inst. Financieras, Prof de Economía UCV.