Gabriela Buada Blondell | Especial para Provea
Desde hace más de tres meses, tras el colapso del túnel de trasvase del embalse Turimiquire que surte de agua a la ciudad de Cumaná, sus pobladores están sedientos y dependiendo del suministro a través cisternas que no siempre la mayoría de sus habitantes puede pagar.
Desde el terminal de pasajeros hasta cada casa o apartamento, se siente la crisis por la escasez de agua y el cansancio es evidente en los rostros de sus habitantes, especialmente los de la población más vulnerable, quienes enfrentan dificultades diarias para cubrir sus necesidades básicas.

María López tiene 53 años de edad, es residente del Barrio Bolivariano y aunque ha podido pagar cisternas junto a varios vecinos, comenta que tuvo que enviar a su mamá a Caracas, desde el día uno que dejó de recibir agua por tubería.
“Esto es una pesadilla, yo ahorita estoy sola con mi esposo y vivimos a merced del agua. Si no es juntando dinero para comprar agua por cisterna, es tratando de calmar a mi madre para que se quede en Caracas mientras se soluciona este problema del agua en Cumaná. Ella es una persona mayor y está acostumbrada a su casa, yo solo trato de evitar que no se enferme aquí”, aseveró.

Sin agua bajo un sol inclemente
La situación de Cumaná, tiene múltiples causas y consecuencias que impactan profundamente a la población, ya que la falta de inversión y mantenimiento en las plantas de tratamiento, redes de distribución y sistemas de bombeo dejó en el colapso el funcionamiento de la infraestructura acuífera de todo el estado Sucre.
Diana Marín tiene 48 años y es madre de tres niños, uno de ellos es neurodivergente, situación que incrementa la vulnerabilidad, ya que el joven sufre de padecimientos de hipotensión cuando está en situación de estrés.
Las altas temperaturas en la ciudad son normales en el día a día.
«Mi familia depende del agua que conseguimos en los camiones cisterna, pero la disponibilidad es muy limitada. Muchas veces tenemos que esperar horas frente al cerro que es cuando llega un poco para cargar, no siempre alcanzamos. Esto afecta no solo nuestra higiene, sino también la alimentación de mis hijos. En el caso de Carlito, quien tiene una condición y debe comer los alimentos bien lavados, los golpes de calor le bajan la tensión. La situación nos tiene desesperados.»

Temor porque no llegue la necesaria ayuda humanitaria
La incorrecta gestión del recurso, incluida la distribución desigual y la priorización ineficiente, contribuye a que muchas comunidades no reciban agua regularmente.
Sin dejar de mencionar la crisis económica y la escasez de fondos destinados a la infraestructura y mantenimiento de los sistemas de agua que sin duda, dificultan la reparación y expansión de los servicios hidráulicos.
Aunque en la Av. Gran Mariscal, se encuentra un centro de distribución de agua potable de la Cruz Roja Internacional, las personas consultadas afirman no haber visto nunca el acceso a la ayuda, ni cuando llegan las cisternas.
“Ellos mismos, tienen envases para recargar agua cuando llega”, afirmó Julio Martínez, vigilante de un estacionamiento cercano.

Varios testimonios manifiestan tener preocupación por la inestabilidad política y la corrupción, ya que temen que esto pueda afectar la correcta administración de los recursos y la ejecución de proyectos de mejora en el sistema hídrico.
En medio de consignas, un grupo de activistas durante una protesta el pasado 23 de mayo en la plaza Virgen Del Valle exigieron “agua por tubería, no por cisternas”.
Un dirigente político que prefiere tener su nombre bajo anonimato por miedo a la represión, señaló que tiene información verificada sobre varias compañías de cisternas con contratos hasta el mes de diciembre de 2026.
Es decir, que el problema no será solucionado en lo inmediato.
“Muchos de los dueños de estas empresas ya están comprando propiedades. La gobernadora tiene que rendir cuenta de qué se está haciendo con el dinero, que incluso ha sido enviado por la situación humanitaria que vivimos hace más de tres meses”, enfatizó.

La prolongada crisis del agua en el estado Sucre responde a múltiples factores, entre ellos la infraestructura deteriorada, la falta de inversiones en sistemas de suministro y la contaminación de las fuentes de agua.
La vulnerabilidad se incrementa en este escenario, poniendo en riesgo la salud y bienestar de sus habitantes.
«Soy una mujer de la tercera edad y vivo sola. Hace más de tres meses no tengo agua en mi casa. Tengo que salir a buscarla al río, pero ahora está muy lejos y la mayoría de las veces no puedo. Esto me ha causado muchas enfermedades y angustia. No sé qué hacer, mi salud está empeorando,» dijo María Santos durante la protesta.

El acceso al agua es un derecho fundamental
José Pérez, de 75 años, residente en el centro de la ciudad afirma que vive en condiciones muy difíciles desde hace tres meses.
“La escasez de agua ha hecho que muchas veces no podamos bañarnos ni lavar la ropa. Además, los vecinos empiezan a enfermarse por la falta de higiene. Es una situación que nos tiene muy preocupados, y no vemos una solución a corto plazo.»
Flor Rangel es una mujer sexagenaria, que además, cuida a su esposo de 72 años convaleciente en el hospital con una condición crónica de salud, con corre peligro de muerte porque necesita diálisis y el centro de suministro también se ve afectado por esta situación.
Señala, que la falta de agua le afecta mucho, no puede mantenerse tranquila sabiendo que la diálisis de su esposo se suspende por falta de agua.
“La gente en el hospital también sufre mucho por esto. Necesitamos ayuda urgente, porque la situación es insostenible.»
Es fundamental que las autoridades regionales y nacionales prioricen soluciones inmediatas y sostenibles, como el suministro de agua potable, reparación de infraestructuras y también la crisis eléctrica con cortes de luz recurrentes.
La voz de las comunidades afectadas debe ser escuchada y atendida para aliviar esta crisis humanitaria, ya que los testimonios son evidencia de la urgente necesidad de garantizar el acceso al agua como un derecho fundamental.
Cada historia recopilada refleja el impacto profundo en la vida de las personas mayores, mujeres y población vulnerable, quienes claman por soluciones concretas y rápidas.
La solidaridad y la acción conjunta son clave para superar esta emergencia que vive la primogénita de Venezuela.








