Luis Alberto Crespo │ La desigualdad se expresa en los países de diversas formas, afecta varios aspectos de la vida, sus consecuencias en las familias se traducen en el hambre, desnutrición y exclusión, así lo expresa la agencia de la Organización de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

En Venezuela el desastre económico y la crisis social, se refleja en altos niveles de pobreza y hambre, los venezolanos padecen cada vez más los rigores de un régimen fracasado que condena a la población al empobrecimiento estructural, en medio miserables condiciones de vida, hundida en el caos.

El salario mínimo de hoy en Venezuela representa 0,90 centavos de dólares al mes, esto no significa nada, ha sido pulverizado por la hiperinflación situación que afecta a un número importante de trabajadores, jubilados y pensionados, dado que les impide adquirir los bienes y servicios necesarios para satisfacer las necesidades básicas en sus hogares, condenándolos a la pobreza, dado que es poco lo que pueden adquirir con esos bajos ingresos.

Al mismo tiempo, los trabajadores han vivido la destrucción de sus prestaciones sociales, cajas de ahorros, planes previsionales o programas de seguridad social, lo cual forma parte de la protección social y activos familiares.

La Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI) reveló que:

  • 96,2% de los hogares encuestados presenta pobreza de ingreso,
  • 54% califica en el renglón de pobreza reciente,
  • 41% en pobreza crónica,
  • 79,3% de los venezolanos no tienen cómo cubrir la canasta alimentaria,
  • 45% de los hogares de la población económicamente activa labora por cuenta propia, siendo este último uno de los grupos más afectados en medio del Covid-19.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) presentó el 02 de noviembre el informe sobre el “Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional para América Latina y el Caribe 2020”, señala que durante la pandemia el 31,4% de la población venezolana se encuentra sub alimentada, cifra que revela que un porcentaje importante de la población carece de alimentos suficientes para satisfacer las necesidades energéticas, esto representa una población subalimentada de 9,1 millones de personas.

En materia económica la situación es dramática, la economía ha padecido la devastación progresiva de sus factores productivos en los últimos 7 años, caída de su producción interna superior al 85%, inflación galopante anualizada de 4.087%, acumulada 3.045,92% y la correspondiente al mes de noviembre de 65,70% cifras AN, lo que indica que continuamos inmersos en el fenómeno de la hiperinflación y la destrucción del bolívar como moneda, junto a la pulverización del consumo de las familias, a lo cual, se suma el colapso de los servicios públicos.

La educación retrocede vertiginosamente desde antes de la aparición de la pandemia, la Encuesta de Condiciones de Vida (ENCOVI) 2019-2020 registró un 40% de población escolar que no podía asistir regularmente a clases, durante el confinamiento este hecho se agravó y evidenció la desigualdad entre quienes cuentan con internet, equipos de conexión y servicios básicos digitales y aquellos que no tienen esta posibilidad, además, la situación financiera de las instituciones educativas públicas o privadas inciden en las condiciones socioeconómicas de los docentes.

En medio del confinamiento aumentó el número de niños, adolescentes y adultos mayores (los más vulnerables) deambulando por las calles de las principales ciudades en busca de comida. Al mismo tiempo, los gremios del sector salud denuncian que los pacientes crónicos se encuentran en riesgo por la escasez de insumos y medicamentos para atender su salud, al igual forma que la población en general por un sistema destruido y sin dotación suficiente para su funcionamiento.

El régimen sigue ocultando las cifras de desnutrición infantil, al igual que otras estadísticas para esconder y no visibilizar su desastre, que el país está sumergido en altos niveles de pobreza, desigualdad, privaciones a las libertades de las personas, limitando sus capacidades para vivir una vida de oportunidades e impidiendo el desarrollo humano.

Los venezolanos hoy enfrentan grandes niveles de desigualdad: social, económica y educativa. Las brechas se evidencian entre quienes acceden a monedas fuertes que les permite tener mayor cantidad de bienes y servicios en comparación con las personas con menos recursos. La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) expresa de manera contundente “no podemos dejar de resaltar que las diferencias en materia educativa son expresión de la desigualdad social y económica”.

Venezuela dejó de ser una sociedad de oportunidades, se transformó en una nación desigual, conformada por un conglomerado de personas que tratan de subsistir a pesar de las adversas condiciones de vida que persisten hoy en día en el país, signadas por la falta de servicios públicos esenciales, escasez de gasolina, represión, coerción a las libertades y control social, mientras que sus habitantes siguen huyendo desesperadamente a otros países en búsqueda de mejores condiciones de vida, ejemplo: antes de la pandemia 4,5 millones de venezolanos habían migrado del país (ACNUR), resaltando que el fenómeno de la migración continua.

Al final de todo esto podemos afirmar, que Venezuela hoy en día, es un país con grandes niveles de desigualdad e inequidad, que impactan negativamente en los hogares más vulnerables.

ACERCA DEL AUTOR:

Economista, Msc. en Moneda e Inst. Financieras, Prof de Economía UCV.