La desalarización del profesorado universitario es un problema que impacta severamente a la academia universitaria, dado que no es posible garantizar el relevo de la planta docente o conservar a los más talentosos con remuneraciones miserables. No es viable la gestión académica en las universidades venezolanas si el trabajo de sus docentes e investigadores carece de estímulo y no es valorado adecuadamente.

En la actualidad los profesores universitarios no cuentan con salarios, una consecuencia derivada de décadas de desconocimiento de sus derechos laborales por parte de los gobiernos del siglo XXI y, además, casi dos años sin aumento salarial. Las remuneraciones mensuales de los docentes en las universidades oscilan entre 9 y 14 USD, de modo que, tan solo son un mero formalismo que da cuenta de un vínculo laboral entre el profesorado y la universidad.

Los salarios de los profesores universitarios en Venezuela han alcanzado una precariedad inédita y trágica, estas no admiten comparaciones ni siquiera con los salarios mínimos de naciones en guerra y con sanciones comerciales y financieras más severas que Venezuela como  Siria (USD 77) y Cuba (USD 42)

El deterioro de las remuneraciones de los profesores universitarios desestimula a los jóvenes que eventualmente pudieran asumir la profesión académica. El resultado en todas las universidades venezolanas es la ausencia de relevo y la migración forzada de los docentes hacia otras latitudes u otras ocupaciones.

El futuro de las universidades venezolanas no es promisorio, es incierto. En la Universidad Central de Venezuela, a manera de ejemplo, es posible que en pocos años más de dos tercios de sus profesores hayan cumplido el tiempo necesario para solicitar su jubilación. El promedio de edad de sus profesores activos es 54 años, siendo las facultades de Agronomía y Ciencias las de menor promedio con 50 años cada una. El 49% de la personal docente y de investigación es jubilado y en los últimos diez años se redujo la población de profesores activos en un 20%.  

La respuesta del gobierno en los últimos dos años a la crisis salarial en las universidades ha sido la bonificación del salario, hasta lograr que este último, en términos prácticos, desaparezca. Esto no solo pulveriza las prestaciones sociales, cajas de ahorro y los beneficios salariales de las contrataciones colectivas, sino que, y esto es esencial, afectan negativamente la carrera académica y la gestión Universitaria.

Los bonos impuestos por el gobierno homologan a todos los trabajadores universitarios. Se denominan “Bono de Guerra Económica” y el Cesta Ticket Socialista, ambos suman USD 100 mensuales. Se pagan por igual a los que laboran con dedicaciones a tiempo completo. No distinguen los sectores de trabajadores que conforman su comunidad, las responsabilidades académicas y/o administrativas que asumen, ni el escalafón en el caso de los docentes o los grados del personal administrativo y obrero:

La desalarización de los profesores universitarios impuesta por el gobierno a través de las bonificaciones al desconsiderar los méritos, experiencia o las responsabilidades de gestión universitaria desestimulan el ascenso académico, el sistema de desarrollo profesional y las reclasificaciones, de la misma manera que reducen en extremo el número de profesores dispuestos a asumir labores de dirección y supervisión en sus centros académicos, cátedras y departamentos.

La desaparición del salario de los profesores universitarios, les obliga a ejercer el pluriempleo, es decir, ocuparse en tantos empleos como le sea posible, algunos articulados con su labor como docente u otros de distinta naturaleza. Esto se traduce, de facto, en la desaparición de la figura de los académicos a full time, lo que lesiona gravemente la labor de investigación y condena a las universidades a ejercer exclusivamente -en muchos casos con enorme dificultades- la docencia. En consecuencia, en Venezuela el profesorado de las universidades subsidia la educación superior pública.