Marino Alvarado | Hace pocos días una joven periodista vinculada al gobierno me increpaba que si afirmaba que estaba en dictadura como podía marchar. Le respondí, porque por más represión no han podido intimidar al pueblo.

Así es. No es que la dictadura de Nicolás Maduro permite las movilizaciones pacíficas que se vienen  realizando en todo el país. Es que el pueblo ha tomado la calle, a pesar de las miles de bombas lacrimógenas, los heridos de bala y las muertes ocurridas en el contexto de la protesta.

Latinoamericana está llena de historias de resistencia popular. Historias, además, de victoria.

La dictadura de Jorge Rafael Videla en Argentina en la década de los setenta  nunca pudo acabar con las Madres de Plaza de Mayo. A pesar de la represión las madres todos los jueves en la tarde realizaban su protesta frente al palacio presidencial desafiando al Poder. La valentía de las madres se impuso ante la represión y el temor que enfundaba la arbitrariedad. Su ejemplo animó a muchos a salir a las calles a enfrentar al gobierno y desafiar la represión. Tras años de lucha triunfaron las madres y triunfó el pueblo argentino.

La dictadura contra el general  Augusto Pinochet (1973-1990) tampoco pudo frenar las grandes movilizaciones que se realizaron contra el gobierno reclamando el regreso a la democracia. Ante la fuerte censura las organizaciones sociales y políticas  se las ingeniaron para hacer llegar sus mensajes y convocatorias. No había las ventajas que hoy existen de las redes sociales, pero estaban las redes de ciudadanos y del pueblo organizado en sindicatos, movimientos, organizaciones no gubernamentales. Con todas las limitaciones a la libertad de expresión que el régimen estableció, se logró hacer masivas convocatorias y pese al miedo que imponía el gobierno militar, el pueblo tomó las calles. Junto a las gigantescas marchas se realizaban también  casi a diario pequeñas movilizaciones, revueltas en comunidades, paros de trabajadores. La Dictadura respondía con represión, se produjeron lamentablemente muchas muertes de manifestantes, pero ello no impidió que el movimiento popular creciera y finalmente triunfara.  El 11 de agosto de 1983 se realizó una gran jornada nacional de protesta. Las fuerzas represivas asesinaron a 29 personas. El dictador pensó que con tan intensa represión se aplacaría la protesta. Se equivocó. Nuevas jornadas  fueron convocadas y la respuesta siguió siendo masiva. La dictadura de Pinochet fue derrotada a pesar de las graves violaciones a los derechos humanos que perpetró y el terror que desataba con sus fuerzas militares y policiales.

La de Alberto Fujimori en Perú (1990-2000) fue otra dictadura. No pudo acabar con las organizaciones de derechos humanos a pesar de la intensa persecución que desató contra ellas

La de Alberto Fujimori en Perú (1990-2000) fue otra dictadura. No pudo acabar con las organizaciones de derechos humanos a pesar de la intensa persecución que desató contra ellas. No pudo eliminar los sindicatos ni  las organizaciones estudiantiles a pesar de la cantidad de dirigentes sociales que terminaron como presos políticos. No pudo impedir las grandes movilizaciones de calle. Imperó la censura contra los medios, pero el pueblo con creatividad realizó las convocatorias a las protestas. Clausuró el congreso peno no puedo cerrar las ansias del pueblo por la democracia.

Alberto Fujimori hablaba ante los medios como si fuese invencible. Su prepotencia y la de sus principales colaboradores entre ellos Vladimiro Montesinos, se caracterizaba por el mensaje de la amenaza, de afirmar que perdían el tiempo quienes le exigían renunciara, que había absoluta lealtad de las fuerzas militares y que contaba con amplio respaldo popular, razón por la cual se sentía como un emperador. Pero, las voluntades democráticas en Perú se unieron, lucharon y vencieron a quien se sentía poderoso. Ya el Dictador Fujimori y Vladimiro Montesino llevan varios años encarcelados. No solo perdieron en la lucha contra el pueblo, tuvieron que pagar por sus crímenes.

En Venezuela, que sepa la dictadura, se seguirá marchando, pacíficamente, exigiendo derechos. Muchos de los que hoy están en el gobierno vienen de la lucha social pero hoy están de espaldas al pueblo sus necesidades y aspiraciones, pero ellos saben muy bien que cuando los sectores populares se deciden a lucha la fuerza es indetenible y no la ahogan ni los gases ni las balas.

ACERCA DEL AUTOR:

Abogado, Coordinador de Investigación, Monitoreo y Difusión de Provea.