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Hay un nuevo filón en la producción audiovisual de ciencia ficción: el de la robótica, su uso y abuso por parte de los humanos y la reacción lógica de robots cada vez más perfeccionados y capaces de iniciar una insurrección contra sus creadores cuando puedan prever mejor los comportamientos y evitarlos, además de emularlos, que es para lo que hasta ahora han sido programados.

Sobre el tema hay dos series que podemos ver en Venezuela: la serie rusa que, también, es la primera rusa que adquirió Netflix, Mejor que nosotros, creada y escrita por Alexander Kessel y dirigida por Andrei Junkovski (2019) en la que vemos cómo una robot programada para atender las órdenes de un usuario principal y dos secundarios (un padre en trance de divorcio y sus dos hijos) hace lo que sea para ponerlos a salvo de todo tipo de amenazas, a pesar de que desde el primer capítulo es buscada como asesina de un vigilante de la oficina donde está guardada, pues éste intenta toquetearla de madrugada y para eso ella no ha sido programada.

La otra serie es sueca, Real humans, creada por Lars Lundstrom, con dos temporadas (2012 y 2014), de la que luego hicieron una versión inglesa, Humans. La sueca la están pasando en Film&Arts. En esta hay un asunto muy interesante: los humanos más antirobots han sido sustituidos por algún hubot (robot casi humano) en el corazón de su mujer o su hombre, porque la o el hubot es colaborador, nunca se cansa ni discute ya que su punto de vista es el de quien lo compró como “acompañante” en la tienda.

En las 2 series vemos reproducir los comportamientos humanos de toda la vida: desde hubbies (los que aman a los robots y hasta pueden llegar a la hubfilia, que no pueden excitarse eróticamente más que con robots), hasta grupos antirobots, hubfóbicos, con los métodos terroristas de siempre. Y están los que encuentran la caída ilegal pero rentable, que trafican robots robados o de segunda mano. Y los que les dan un uso denigrante para el que no fueron ideados, como la prostitución callejera o en un local. O los hijos de los dueños que los secuestran un ratico para darse satisfacción sexual no pagada.

En ambas series se desarrolla la vieja idea (el viejo temor) de que la creación superará al creador. Es el tema de Frankestein, que se alza contra su “padre”, el científico, recordándole lo mismo que los hubots de la serie sueca le dicen a quienes los explotan, los usan con fines no programados, los venden o los canjean o los cazan o los humillan: “Nosotros no les pedimos venir al mundo”. Es decir, lo que tantos adolescentes dicen a sus padres cuando estos no entienden que sus hijos quieren hacer con su vida una cosa distinta a la que los padres tienen en su cabeza.

Que estas series aparezcan simultáneamente desde 2012 no es casual. Me parece que obedece al muy promovido auge incesante de la IA (inteligencia artificial) y la robótica, que amenazan el modo de vida humano que conocíamos, comenzando por el trabajo de los humanos con menos acceso a la educación, es decir, de la mayoría del planeta: los trabajadores del campo y en las ciudades los trabajadores de la limpieza de calles, oficinas y hogares, de la vigilancia de las oficinas, del transporte, del cuidado de niños y viejos. Pero que, en poco tiempo, también harían prescindibles a los maestros de escuela y profesores universitarios y hasta a los abogados, contadores y médicos, a los que se podría hacer una consulta   sin hacer ni cita previa ni antesala ni pagarla (porque es parte de la programación del robot). Todo este proceso de aceleró a ojos vista con la pandemia de 2020.

Ya el cierre progresivo de sucursales de banco en el mundo (con el correspondiente despido de los empleados), a favor de la tramitación de consultas y operaciones on line nos había hecho vislumbrar, hace mucho, ese futuro que llegará más temprano que tarde.  

Una cosa que enfatizan los creadores de las dos series: los robots ni comen ni toman ni se drogan ni se enferman ni se embarazan ni van a médicos ni desean nada para los que no les programe su dueño. Son mano de obra barata que sólo necesitan electricidad para recargarse cada tanto. Desde luego, los modelos más avanzados, “casi humanos” por su autonomía para tomar decisiones (por cálculo de probabilidades), lucharán por su independencia, como siempre han hecho los esclavos.  Quizás no nos aniquilen pero los más “sensibles” se aliarán con los humanos “buenos” y lucharán por mejores condiciones laborales. Para ello, ya comenzaron la infiltración entre los humanos para ganar terreno. Es lo que están haciendo los hubots de Real Humans.

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Gioconda Espina