Marino Alvarado | Las recientes liberaciones de un poco más de 50 presos políticos es sin duda una buena noticia. Nada tienen que agradecer quienes hoy se encuentran en la calle. Fueron víctimas del abuso de poder y la persecución sistemática contra disidentes en Venezuela. Un preso injustamente encarcelado nada debe agradecer a su carcelero que lo libera. Al contrario, debe denunciar la arbitrariedad de su detención.

En la medida que algunos de ellos han venido declarando ante los medios de comunicación, se van conociendo detalles de maltratos y torturas a los cuales fueron sometidos. Salieron irreverentes alzando la voz contra las injusticias sufridas, pero también las que siguen padeciendo quienes continúan encarcelados. Son testimonios para engrosar el expediente de una dictadura que asesina y tortura.

Siguen tras las rejas más de 300 presos políticos. Algunos de ellos encarcelados en sótanos donde pasan meses sin ver la luz del sol, con mala alimentación, con restricciones para las visitas de familiares y amigos, con casi nula atención médica. La lucha por su libertad debe continuar.

La libertad de ese conjunto de presos es sin duda un elemento político a evaluar en el actual contexto nacional. Pudiera ser un elemento favorable a la posibilidad de avanzar hacia un diálogo político entre las fuerzas sociales y políticas democráticas con Maduro y su cúpula. Algunos de los presos liberados se vienen pronunciando por la necesidad de trabajar en acuerdos para que en conjunto se adelanten medidas orientadas a la evitar la agudización de la tragedia que vive el país.

Si se abren espacios para conversar y explorar alternativas para afrontar de mejor manera la emergencia de salud por la expansión del coronavirus, se defina un aumento de salarios y de pensiones, se den más garantías a las agencias humanitarias para que realicen su labor, se creen condiciones favorables para el ejercicio del voto y se continúen liberando presos, bienvenidos esos espacios.

La experiencia en los últimos cinco años en materia de liberación de presos políticos es lo que el Foro Penal Venezolano ha denominado como la “puerta giratoria” se liberan unos presos y se encarcelan a otros. Así que cualquier proceso de diálogo debe exigir el cese a la percusión por motivos políticos y que se otorguen garantías para la acción política y social sin riesgos. Por ello, la organizaciones e individualidades del campo democrático debemos continuar exigiendo el cese a la represión. Seguir denunciando a nivel nacional e internacional toda expresión de abuso de poder que se produzca.

Si existiera una Defensoría del Pueblo y Ministerio Público independiente, una de las primeras medidas que deberían adoptar es convocar a los presos que han venido denunciando maltratos y torturas y adelantar investigaciones al respeto. Mientras no se aplique la Ley Contra la Tortura y el sistema de justicia siga siendo complaciente ante las torturas y tratos inhumanos y degradantes, muchos más hombres y mujeres seguirán sufriendo de estas violaciones a los derechos humanos.

Saludo la valentía de quienes han sido excarcelados y se atreven a realizar denuncias y llamar la atención sobre las condiciones que padecen quienes permanecen presos.

ACERCA DEL AUTOR:

Abogado, Coordinador de Investigación, Monitoreo y Difusión de Provea.