Rafael Uzcátegui | En los momentos más álgidos del inicio de la confrontación sociopolítica en Venezuela, de los años 2002 a 2004, la lectura diaria de la editorial de Tal Cual, escrita por su director Teodoro Petkoff, era un ejercicio obligado para calibrar el desarrollo de los acontecimientos. Uno podía estar o no de acuerdo, pero en aquellos párrafos uno encontraba más de dos ideas hiladas de manera coherente, lo que en el desierto intelectual venezolano sobre el que cabalgó el chavismo era un oasis, y que obligaba a por lo menos simular la discusión con argumentos y no con descalificaciones.

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Recuerdo particularmente dos textos que reflejaban la valía del propio Teodoro. Uno era cuando, sin dudarlo, calificaba los hechos del 12 de abril de 2002 como un golpe de Estado, repitiendo lo que había tenido la valentía de denunciar en el programa televisivo de Cesar Miguel Rondón, cuando los hechos estaban calientes y desarrollándose. El segundo escrito fue cuando, a contracorriente de la opinión hegemónica antichavista, escribió que el llamado voluntarista al paro petrolero, sin ninguna estrategia de suma e inclusión de fuerzas, terminaría atornillando a Hugo Chávez, cosa que finalmente sucedió. Aquel estilo, a rajatabla entre el desparpajo, el buen periodismo y la defensa de los principios, afortunadamente se transformó en la propia cultura institucional del diario. Para quien lo leía religiosamente, como yo, Tal Cual era un baluarte de la libertad de expresión en tiempos de implosión democrática.

Años después cuando la crisis económica, la dificultad de acceso al papel, el hostigamiento oficial y la migración de lectores a lo digital, el diario tomó la decisión de convertirse en un semanario, me invitaron a ser parte de su cuadrilla de columnistas. La alegría no me cabía en el pecho. Como ya era parte de la ONG Provea, intercalaba los temas de derechos humanos con mi propia opinión de lo que pasaba en un país que, a pesar de todos los esfuerzos, no dejaba de deteriorarse. Cuando ya no se pudo más visitar la rotativa, lo tomé con la angustia de quien era testigo de cómo todo el territorio se convertía en Ortiz y éramos azotados, sin descanso, por el paludismo y la migración. Como los cristianos en las catacumbas durante el Imperio Romano nos refugiamos en la web, y desde allí hemos seguido masticando las palabras y las neuronas.

Felices 21 años a todo el equipo y lectores de Tal Cual. Si Xabier, Gloria, Victor y todo su equipo siguen ahí, dando la batalla, nosotros también no descansaremos en lo nuestro. En un país sediento de referentes y principios, ustedes son el último bastión del periodismo libre en tiempo de dictadura. Como los samizdat en días soviéticos, continúen difundiendo pensamientos prohibidos en momentos de autoritarismo voraz. Esas semillas germinarán, de eso no tengamos ninguna duda.

ACERCA DEL AUTOR:

Sociólogo y editor independiente. Actualmente es Coordinador General de Provea.