Marino Alvarado | El ex dirigente sindical Maduro llegó al poder para pulverizar los beneficios de los trabajadores y trabajadoras de Venezuela. Será recordado como el gobernante que se convirtió en una pesadilla para el sector laboral.

Nunca antes había existido un gobierno que afectara tanto el salario y las convenciones colectivas. A la fecha del 24 de agosto de 2020 el salario mínimo en el país equivalía a 1.3 dólares, si a eso le sumamos el bono de alimentación el cual es igual a 400.000 BsF el total del ingreso mensual es de solo 2.6 dólares. La canasta alimentaria conformada por once rubros es equivale a 269 dólares. En tal sentido, con tales ingresos, no se cubre ni siquiera el 1% de la canasta.

Según el Centro de Investigación y Formación Obrera cuando Maduro asumió la presidencia el salario mínimo equivalía a 63 dólares. Si damos una mirada más hacia atrás, para el año 2001 en pleno gobierno de Chávez el salario era de 401 dólares. La dupla Chávez-Maduro acabó con el salario.

Las convenciones colectivas también las acabaron. Hoy son un buen listado de beneficios que no tienen ningún impacto en la calidad de vida de quienes son sus receptores. Hay beneficios equivalentes a menos de un centavo de dólar y aquellos distintos a remuneraciones específicas relacionadas con entregas materiales como uniformes para trabajar o útiles escolares para los hijos, con frecuencia no se cumplen.

Mientras Maduro y su cúpula gobernante engañan a millones de personas quienes se autodefinen como de izquierda diciéndoles lidera una revolución obrera, la verdad es que solo lidera la hambruna e inseguridad alimentaria que produce en los hogares de millones de familias de los obreros.

Su condición de ex dirigente sindical le permite camuflarse y hacer creer que gobierna a favor de los más necesitados. Pero basta solo con ver algunos indicadores y se devela la farsa.

El contexto general en el cual un trabajador o trabajadora venezolana transcurre sus días está lleno de múltiples adversidades. Debe soportar un caos generalizado de los servicios públicos condenado a permanecer varios días sin recibir agua potable, padecer cortes diarios de luz y tener que realizar largas caminatas para llegar a su centro de trabajo por la escasez del transporte público. Una vulneración permanente de derechos y una existencia de carencias diversas que se traduce en un diario sufrimiento.

El ínfimo salario que perciben es solo un aspecto del drama social del sector laboral del país. Cuando se afirma que Venezuela atraviesa una Emergencia Humanitaria Compleja, esas tres palabras hay que traducirlas en limitaciones severas de millones de personas para poder alimentarse, tener una mínima atención de salud y acceder a bienes y servicios.

Con Maduro y su cúpula no hay posibilidades de revertir la permanente vulneración de los derechos sociales del sector laboral. Por ello una agenda de lucha por salario dignos y mejores condiciones de vida y trabajo, debe estar asociada al logro de un cambio de gobierno por mecanismos constitucionales y pacíficos.

*Coordinador de Investigación, Monitoreo y Difusión de Provea

ACERCA DEL AUTOR:

Abogado, Coordinador de Investigación, Monitoreo y Difusión de Provea.