En 1979 no había RRSS y por tanto había que esperar que la prensa llegara con las últimas noticias o que, por azar, lográramos oír o ver un programa de radio o de TV que no fuera de refritos de semanas antes.

Tampoco existían estos laboratorios que “viralizan” una versión de la noticia que rápidamente se impone a los medios tradicionales que quedan.

Pero desde febrero de 1979 muchos sabíamos de los Tribunales Revolucionarios Especiales (express) que la revolución de la recién fundada República Islámica de Irán creaba para todos los “infieles” que no acataran las fatwas (decretos) del cogollo religioso-político-militar que encabezaban los ayatollahs, especialmente el Ayatollah Jomeini, quien desde su exilio en Francia dirigió la insurrección que derrocó al Shah de Persia.

Culminaba ese febrero del 79 un año de movilizaciones y desacatos al poder del gobierno apoyado por EEUU (Satán, decían los mullahs) en mezquitas, plazas, etc y, finalmente, las calles de Teherán y las principales ciudades de Irán, donde había al menos un líder de la cúpula religiosa chií duodecimana.

Fue una campaña bien organizada, exitosa, con maravillosos publicistas en el mundo. Y, hay que decirlo, con el apoyo de la izquierda mundial, que saludábamos el desafío contra el Shah y su ejército apoyado por EEUU.

Yo estaba entonces haciendo una investigación en el Colegio de México sobre la influencia de los ayatollahs en la política iraní desde comienzos del siglo XX hasta ese año de 1979. Así que cuando comenzaron a colgar en las calles de Irán a mujeres acusadas por sus maridos de adúlteras y a gays (aún no se hablaba de lgtibq+), marché por las calles del DF hasta la Embajada de Irán en Ciudad de México, junto con feministas e intelectuales notables y conocí de la existencia del Frente Homosexual Revolucionario de México.

A la defensa de mi investigación para la tesis de Maestría fue el Embajador de México en Irán (llamado por su Cancillería, supongo) que, con toda seguridad, no entendió nada de lo que yo dije y sólo me saludó sonreído al salir del acto, dándome la mano.

Poco después supe que Simone de Beauvoir y Kate Millet, invitadas por las feministas iraníes dentro y fuera de Irán para algunos eventos de mujeres por más derechos, por más democracia, tuvieron un final triste aunque previsible, si le hubieran hecho caso a la palabra “Islámica” agregada al nombre de la nueva República.

A Beauvoir no la dejaron ni bajar del avión y regresó a París. A Millet y su compañera de entonces las secuestraron, ruletearon y metieron en un apartamento del que sólo salieron para ir al aeropuerto. Como habían llegado antes, lograron grabar y fotografiar a muchas mujeres y con esto sacaron un libro al poco tiempo.

De manera que cuando hace 10 días se hizo viral el twitter con la noticia de que fue arrestada y asesinada la joven kurda iraní Masha Amini, de 22, por no “llevar el velo bien puesto” o algo similar, lo que ha hecho el mundo de las RRSS y más tarde (como siempre) los medios tradicionales, es leer un periódico de ayer.

Claro que más vale tarde que nunca, pero lamentablemente se trata de una vieja práctica a la que ahora ponemos la cara de la joven Masha. 

Los jóvenes tienen días en las calles protestando, no sólo las feministas sino todos los descontentos por la represión generalizada desde 1979 siempre en nombre de Alá y de los califas Alí y 10 más en su línea de descendencia.

Cuando leo en las RRSS que le piden a las feministas chavo-maduristas que digan algo sobre el asesinato de Mahsa por la policía iraní pienso en los alcances de la ¿ingenuidad?, pues si ellas hicieran eso equivaldría a declararse disidentes del PSUV  y del gobierno, pues en todas las crisis por abastecimiento petrolero y alimentaria, este gobierno ha contado con Irán; y ahora están juntos en el caso del avión en Argentina.

Lo peor es que esta misma gente ¿ingenua o todo lo contrario? no le pide lo mismo a la oposición que parece que apoyan, quienes no se han pronunciado más allá de retuitear 280 caracteres de otros sobre el asunto, porque nada saben de la original naturaleza de la “revolución” iraní de febrero del 79.

Lo mismo pasa cuando una espera que esa oposición diga algo sobre los derechos de las mujeres (como el de la interrupción voluntaria del embarazo) y de la comunidad sexodiversa: no dicen nada porque no saben nada de temas que no sea (en estos días) ¿primarias o consenso? para elegir uno entre más de 40 candidatos presidenciales.

En mis tiempos se decía que gente así tenían una sola neurona que, a duras penas, ocupaban en un solo tema.

La oposición ni siquiera tiene ganancia callando, como tienen las chavo-maduristas enchufadas en el gobierno ¿Entonces por qué tanto silencio? ¿Dónde está la marcha o el piquete frente a la embajada de Irán en Caracas?

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Gioconda Espina