Rafael Uzcátegui | Lamentablemente, el año 2021 será de malas noticias en materia económica, lo que estimulará el flujo migratorio caminante hacia nuestros países vecinos. Nicolás Maduro continuará teniendo problemas de flujo de caja, aumentados por el impacto de las sanciones, lo que continuará empequeñeciendo lo que alguna vez fue una importante red clientelar aceitada con dineros públicos. No obstante, hay que desechar la ilusión que la crisis económica puede tumbar gobiernos. Miraflores aun cuenta con cierto margen de maniobra para mantener a flote el autoritarismo. Creemos que una gran posibilidad será estimular, progresivamente, una economía de libre mercado sin libertades políticas, lo que algunos han denominado “el modelo Chino”.

Antes de la llegada del Coronavirus a nuestro país, el gobierno había comenzado a flexibilizar las transacciones en moneda extranjera y dar facilidades para el comercio internacional, lo que despertó algunas expectativas en un sector del empresariado local. La decisión, lógica desde un punto de vista económico, de sobrevivir y adaptarse a las condiciones de producción e intercambio coincidía con el alejamiento de la posibilidad de un cambio político. Los negocios para la venta de productos importados, especialmente alimentos, comenzaron a aparecer en diferentes partes del país, siendo detenido abruptamente por la expansión de la pandemia del Covid-19 a nivel mundial. Los más resilientes pudieron mudarse al telemercadeo y el servicio delivery, pero gran parte de la población asalariada aumento sus niveles de precariedad.

La estrategia oficial para la realización de las elecciones parlamentarias, con todo y las irregularidades, anuncia que el chavismo realmente existente enfila sus baterías para quedarse en el poder durante un largo plazo, aunque lo haga agarrándose fuertemente de lo que le queda de la brocha. Para ello pudiera tomar medidas que en sus inicios demonizó, como la privatización de las empresas de servicios públicos, amparándose para ello en la nueva conformación de la Asamblea Nacional. Como magos del subterfugio, esta privatización se realizará a través de las llamadas empresas mixtas y bajo denominaciones rimbombantes, tal cual como en días de Hugo Chávez se hizo todo lo que alguna vez se había rechazado como la “apertura petrolera”. Como recordaremos cuando se le vendía al mundo el marketing de la “soberanía energética”, se hacían acuerdos de 30 a 40 años con empresas foráneas para que hicieran dentro del país lo que PDVSA hacía cada vez menos: Sacar, refinar y comercializar petróleo. 

En este escenario una de las primeras empresas a ser “renacionalizada”, vendiendo sus acciones a los capitales internacionales, pudiera ser la de prestación del servicio eléctrico, como se viene rumoreando entre los propios trabajadores del sector. Maduro no tiene la capacidad financiera o técnica para detener o revertir la crisis de prestación del servicio. Lo que le quedaría sería el salvavidas internacional, sea bajo la bandera china, rusa o turca. La nueva empresa mixta pudiera otorgar un período de gracia, 3 meses sin facturar, para luego pasar a un abanico de tarifas internacionales. La gran pregunta serían los derechos laborales de sus trabajadores, una incógnita que ha sido malamente respondida en la propia China, donde las condiciones concretas en empresas y factorías son infinitamente peor que el relato más oscuro de explotación en occidente.

Si esto será así, el 2021 será un año de privatizaciones, bajo nombres políticamente correctos, teniendo a China como el gran referente. Malos augurios para los derechos ambientales y laborales.

Sociólogo y editor independiente. Actualmente es Coordinador General de Provea
@fanzinero
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ACERCA DEL AUTOR:

Sociólogo y editor independiente. Actualmente es Coordinador General de Provea.