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El gobierno de Maduro ha usado sucias trampas para sacar del juego democrático uno a uno a todos sus adversarios políticos. Varios fueron condenados penalmente sin evidencias, como Leopoldo López, y otros, como Henrique Capriles, han sido inhabilitados arbitrariamente para participar en política. Si aún queda alguna persona que cree en la fachada de democracia de Maduro, la inhabilitación de Capriles debería desmoronar esa fantasía. Venezuela sufre una dictadura con todas sus letras y la necesidad de una acción multilateral firme y decisiva para proteger a los venezolanos es cada día más urgente.


José Miguel Vivanco
Human Rights Watch