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Diversas comunidades de Catia están afectadas con pésimos servicios de electricidad y telefonía, desde meses hasta 6 o 10 años sin servicio eléctrico, denuncian habitantes que prefirieron mantenerse bajo el anonimato por temor a represalias, confesaron a Provea

El 24 de junio de 1969 Venezuela firmó, y el 10 de mayo de 1978 ratificó el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, en donde se enmarca el acceso al servicio de la luz dentro del Derecho a una Vida Adecuada. Posteriormente, en 2018, ratificó el Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el cual proporciona un mecanismo de exigibilidad y acceso a medios de  reparación para las violaciones de los Derechos Económicos Sociales y Culturales (DESC). 

A pesar de eso, en diferentes sectores del Barrio Federico Quiroz, una comunidad que se encuentra ubicada en la prolongación de la Cortada de Catia, en el eje tres de la parroquia Sucre del Distrito Capital, el servicio eléctrico no está garantizado y no obtienen respuesta de ningún organismo del Estado.

En la Cortada de Catia, uno de los sectores, más de 280 familias viven desde hace 6 años sin servicio eléctrico regular. La guaya principal de alto voltaje se cae con frecuencia y la respuesta de Corpoelec (ente gubernamental del Estado) es que no hay material para nada, así que los mismos jóvenes de la comunidad, aunque carecen de capacitación y herramientas, buscan la forma de arreglarlo por su cuenta. 

“A ver si uno de ellos se queda pegado electrocutado allí, porque son transformadores de alta tensión; se ven obligados a manipular el transformador principal de la zona y la guaya de alta tensión, porque no existe solución”, comentan vecinos del sector.

Además, estas familias viven expuestas a las explosiones de dicha guaya, en las que se pierde gran parte del cableado, y temen que pueda llegar a afectar más allá de la electricidad. Recientemente tuvieron que encontrar la forma de levantar este cable porque estaba por el piso y temían que pasara algún niño por allí que se pudiese electrocutar.

Los miembros de la comunidad han tenido que aprender a lidiar con la pérdida de sus electrodomésticos, debido a los bajones que se generan al tratar de reponer la luz; neveras, televisores y aires acondicionados se han perdido durante los últimos seis años, sin que nadie asuma responsabilidad y sin una solución.

Han denunciado en la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) y en su Consejo Comunal, pero en Corpoelec no les han dado respuesta formal, y en el Consejo Comunal la respuesta fue que debían recolectar 15 dólares por familia para que arreglaran el problema de manera privada, algo impagable para ellos: Más de 2000 dólares. Cuando preguntaron quién estaba pidiendo eso directamente, no obtuvieron respuesta.

“Dicen que no tienen cómo resolver, pero eso no lo creemos porque Caracas está alumbrada y la están pintando; mientras tanto hay comunidades cuyos derechos están siendo violados y vulnerados”

En otros sectores del barrio, en la parte alta de la calle Mirama, representantes de Corpoelec les han cobrado hasta 1.500 dólares “bajo cuerda”, para poder reparar la guaya; una propuesta que fue considerada por los vecinos, $15 por casa, de las casi 150 casas afectadas en el sector. 

La promesa de la GMVV y 10 años sin servicio eléctrico ni de telefonía

En otra parte del barrio Federico Quiroz, en Catia, la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV) llegó hace 10 años con el objetivo de darle nuevas casas a sus habitantes y derrumbar las casas previas.

Desde ese momento, comenzó un proceso de traslado, en el que la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec), asumiendo que se desalojaría a todas las familias del barrio, se llevó los transformadores, los medidores, e incluso el cableado de telefonía fija e internet de Cantv, cuyas líneas fueron desconectadas y a cambio de ellas les otorgaron los llamados Cantv Prepago.

Sin embargo, 10 años después, más de 283 familias dejaron de esperar su vivienda nueva y solo esperan que les devuelvan el servicio eléctrico; que devuelvan las guayas y los transformadores, e incluso, que les permitan hacer sus pagos correspondientes. 

Los vecinos cuentan que hace 3 años compraron un rollo de guaya -aproximadamente 300 metros-; mensualmente, al no tener mantenimiento y ser una construcción endógena, se calientan, se incendian y se caen. Los vecinos esperan que se apague y termine de quemar la guaya, tumban el poste y ponen una guaya nueva para que regrese la luz, una actividad constante y riesgosa. Actualmente, les quedan 6 metros de guaya.

“Cada vez que suceden eventos en los que las guayas de los postes de luz colapsan y se caen, los vecinos debemos arreglar los problemas porque Corpoelec no se acerca jamás; la última vez fue hace un mes y al pasar tres días de estar afectados y poner la denuncia ante Corpoelec sin respuesta, decidimos arreglarlo nuevamente nosotros”.

Las fallas eléctricas, vida cotidiana de los venezolanos

(Photo by YURI CORTEZ / AFP)

La crisis de servicios públicos en Venezuela no parece tener fin, los venezolanos deben enfrentar a diario fallas y tensiones eléctricas que puede afectar sus hogares y su calidad de vida.

Solo en 2019 Venezuela vivió un apagón nacional que se extendió casi una semana, una falla que fue denunciada como parte de un sabotaje, pero cuestionada por expertos en la materia. Para diciembre 2021 el temor regresó cuando una falla eléctrica dejó sin luz a 20 de los 23 estados del país, recordando que el sistema continúa vulnerable.

Expertos como el exviceministro de Energía, Víctor Poleo, han denunciado que la situación del suministro eléctrico empeorará a nivel nacional porque el sector está siendo manejado sin criterios de profesionalidad y gerencia a manos de “La gavilla militar”.

Mientras continúe la indolencia del grupo de poder al frente de Venezuela y sus servicios públicos, los venezolanos continuarán siendo afectados por pésimos servicios, mientras su calidad de vida sigue empeorando y la normalización de las carencias se hace cada día más común.

Tanto las comunidades de Catia como el resto de Venezuela merecen conexiones estables que les permitan disfrutar de electricidad sin miedo al mañana. Los venezolanos claman que sus derechos sean respetados y que su nivel de calidad de vida vea luz.

Prensa Provea.