Hace poco tiempo, un portal de noticias publicó un artículo en el que mostraba los resultados de una página web que utiliza mapas interactivos para describir los efectos del cambio climático sobre diferentes regiones del planeta en un horizonte de 50 años.

El artículo presenta un mapa que muestra que Maracaibo para ese momento presentará un clima árido y caliente. Por ello, tendrá graves problemas de suministro de agua y aumentará la demanda de energía para refrigeración. Esta perspectiva no resulta alentadora ya que en este momento esta ciudad está siendo castigada de manera cruel por los efectos de la crisis humanitaria compleja que afecta a Venezuela.

Pero sólo hace falta mirar en el mapa un poco más al norte para darnos cuenta que el mapa señala a la península de La Guajira como una zona con un clima aún mucho más seco y caliente.

En la práctica eso significa que la población no dispondrá de agua suficiente ni siquiera para cubrir las necesidades más básicas y mucho menos para mantener actividades agrícolas. Adicionalmente, las temperaturas durante el día serán tan altas que pueden afectar la salud de las personas, así como dañar cultivos y ecosistemas naturales.

Esta situación tendrá como consecuencia que se siga agudizando aún más la grave crisis humanitaria que sufre La Guajira.

Cuán lejos queda el cambio climático

Mucha gente tiene la idea de que el cambio climático es algo que está ocurriendo en otra parte y que nos va a afectar dentro de mucho tiempo.

Esas ideas son totalmente equivocadas. El cambio climático está ocurriendo en este momento y está afectando a todas las comunidades del mundo.

Las comunidades indígenas en todo el mundo son muy vulnerables al cambio climático. Esto se debe a que son mucho más dependientes de sus territorios y sus recursos naturales que otras comunidades. Pero también debido a que han sido empujadas a la pobreza y al hambre por las políticas de despojo, violencia y opresión que les han impuesto.

El pueblo wayuu y el cambio climático

El investigador José Ángel Quintero Weir ha recopilado el conocimiento de los ancianos wayuu sobre los cambios ambientales que han venido ocurriendo en sus territorios. Los relatos hablan de cambios en los patrones de lluvia desde el inicio de la explotación petrolera en la cuenca del Lago de Maracaibo. Este proceso de deterioro se ha venido intensificando a partir de los años 80 posiblemente debido al inicio de la explotación de las minas de carbón en la cuenca del río Guasare en Venezuela y las minas del Cerrejón en lado colombiano de la Sierra de Perijá.

Explica Quintero Weir que, para el pueblo wayuu, todo el espacio geográfico ocupado por esta cuenca es único e inseparable. Desde esta perspectiva, todo cambio que ocurra en este territorio tendrá efectos en toda la región, pero principalmente afectará a las zonas semiáridas de la península de La Guajira.

A este proceso se sumó un grave período de sequía que desde el 2012 ha disminuido de forma dramática la precipitación y generando un grave aumento de la temperatura en este territorio.

Esta situación afectó la productividad agropecuaria y generó una grave inseguridad alimentaria y pobreza que afectó particularmente a la población de menor edad.

Las políticas de control militar, la corrupción y la violencia que han sido impuestas por el gobierno nacional han empeorado esta situación.

En este caso vemos como el cambio climático actúa como una sindemia. Este término es aplicado en las ciencias médicas para explicar una situación en la cual una enfermedad actúa en un entorno donde otras condiciones de salud, así como los contextos sociales, políticos y económicos en los interactúan entre si generando más daño del que provocaría por sí sola.

Hacia un regreso a la ética de la tierra

Es claro que la responsabilidad principal de proteger cae sobre los Estados. En tal sentido, el gobierno venezolano ya debería haber diseñado y estar ejecutando un Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático como lo estipula la Ley de Gestión Integral de Riesgos Socionaturales y Tecnológicos del 2009 y los compromisos internacionales firmados por el Estado venezolano.

Pero ninguna política de Estado será suficiente sin la participación directa de los pueblos indígenas. Hasta ahora sus voces han sido ignoradas cuando se trata de diseñar políticas y acciones orientadas a adaptarse al cambio climático y reducir el riesgo de desastres.

Estos pueblos enfrentan desafíos inmensos, pero a la vez poseen una amplia gama de habilidades y conocimientos que resultan prioritarios para lograr la adaptación al cambio climático. Estas habilidades deben ser reconocidas y deben ocupar un lugar fundamental en las acciones frente a la crisis climática.

Un elemento prioritario de sus culturas es la ética de la tierra presente en muchos de los pueblos indígenas. Ella es una ética del cuidado, del respeto y la responsabilidad colectiva. La misma permite entender la adaptación al cambio climático, no sólo como estrategia de supervivencia, sino de re-creación de los vínculos que hacen posible un andar fraterno sobre nuestro planeta y sus territorios.

A la vez, este proceso debe priorizar a las personas y sus derechos, así como actuar en defensa de los más vulnerables y olvidados.

Es decir, debe ser construida como si de verdad la gente importara.


Un desierto árido y caliente: así sería el clima de Maracaibo en 2070 según el IPCC https://mediosur.org/2021/04/22/un-desierto-arido-y-caliente-asi-seria-el-clima-de-maracaibo-en-2070-segun-el-ipcc/

ACERCA DEL AUTOR:

Author profile
Alejandro Álvarez

Coordinador General de Clima21 – Ambiente y Derechos Humanos.