Marino Alvarado Betancourt | La visita que realiza Michelle Bachelet a Venezuela es en cierta manera un resultado de la Rebelión Popular de 2017 y las masivas protestas de enero a marzo del presente año. Uno de los legados de las movilizaciones de 2017 lo constituye que la comunidad internacional prestó más atención a la grave situación de derechos humanos. Gobiernos, instituciones internacionales de protección y muchas organizaciones sociales en el mundo comprendieron que efectivamente padecemos una dictadura que sin contemplación dispara a matar contra quienes expresan su descontento en las calles.

La Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas elaboró dos informes condenando la represión, la Organización de Estados Americanos emitió varios pronunciamientos y finalmente se activó la Corte Penal Internacional considerando que en Venezuela existía una situación preocupante en materia de derechos humanos al punto que pudiesen haber ocurrido crímenes de lesa humanidad.

Cientos de organizaciones sociales en el mundo expresaron su solidaridad con el pueblo venezolano y condenaron los abusos de Maduro y su cúpula.

De tal manera que la presencia de Michelle Bachelet en el país se produce porque existe una situación de violaciones sistemáticas a los derechos humanos que generó preocupación fuera de nuestras fronteras y viene a constatar tal situación y en la medida de sus posibilidades, adelantar iniciativas que permitan empezar a revertir tal realidad. Así que bienvenida y complacido nos visite.

Aunque su visita es muy corta, el Equipo Técnico que la acompaña llegó varios días antes y algunos de sus integrantes posiblemente permanezcan en el país unos días más. Hasta el momento hemos podido comprobar la seriedad y profesionalismo con la cual vienen trabajando ese Equipo y tenemos confianza que su labor tendrá impactos positivos en Venezuela.

No hay duda, que la visita de la Alta Comisionada y su equipo no resuelven los problemas estructurales de derechos humanos existentes. No es su responsabilidad, pero sirve de contención a los abusos y puede incidir en los que hoy usurpan el Poder para adelantar rectificaciones, así como estimular la implementación de medidas que sean favorables a los derechos humanos.

Los problemas estructurales que padecemos persistirán hasta que logremos el cambio de gobierno. No hay duda que con Maduro y su cúpula no puede existir una mejora sustancial en materia de derechos humanos, pero aplaudo toda acción de la comunidad internacional que permita visibilizar más lo que ocurre y contrarreste con su acción los abusos del poder.

La presencia de Bachelet no es el final. Es el inicio de un proceso que puede ser interesante y con resultados positivos en el mediano plazo a favor del disfrute de los derechos. Todo lo que favorezca la vigencia de los derechos humanos y contener los abusos de poder, debemos apoyar con la confianza que vendrán tiempos mejores.

ACERCA DEL AUTOR:

Abogado, Coordinador de Investigación, Monitoreo y Difusión de Provea.