El tunecino Hassine Abassi, premio Nobel de la paz, advirtió que la irrupción del sector castrense en el conflicto político solo traería soluciones temporales que acentuarían los problemas de la sociedad. Insistió en que la resolución de los conflictos pasa por el diálogo y la negociación


Por José Luis Carrillo

Hassine Abassi, uno de los cuatro dirigentes sociales de Túnez galardonado con el premio Nobel de la paz 2015 por el papel determinante que cumplieron al alejar a ese país de la guerra civil y dirigirlo hacia la democracia luego de la salida del poder del dictador Zine El-Abidine Ben Ali en 2011, advirtió sobre la necesidad de mantener fuera de las negociaciones políticas al sector militar, ya que cree que los pronunciamientos de los uniformados crean más problemas.

“Lo he dicho en reiteradas oportunidades, los militares jamás aportarían una solución pacífica a un conflicto. Al contrario, una intervención militar acumularía los problemas, acentuaría las heridas y, si llegan a conseguir una solución, ésta no va a ser mantenida en el tiempo sino que va a ser temporal, como la calma que precede a la tormenta. Ustedes tienen experiencia, cuéntenme cuándo fue la solución militar duradera en el tiempo. La solución militar va a ser momentánea”, expresó Abassi, quien se encuentra de visita en Venezuela, ha ofrecido conferencias y se ha reunido con dirigentes sociales y políticos, tanto de la oposición como del gobierno, en una apretada agenda organizada por la Red de Activismo e Investigación por la Convivencia (Reacin) en la que ha expuesto su visión del proceso de cambio que sucedió en Túnez, desarrollado en los albores de lo que se denominó la “primavera árabe” pero que, contrariamente a lo que pasó en otros países vecinos, no desembocó en una guerra civil, sino que abrió el camino a la democracia.

El ex secretario general del Sindicato General de los Trabajadores de Túnez, organización que fue premiada de manera conjunta con la Confederación de la Industria, Comercio y Artesanía Tunecina, la Liga Tunecina de Derechos Humanos, y la Orden Tunecina de Abogados, ofreció una corta entrevista con la alianza ProveaTalCual, en la que abordó algunos aspectos de su experiencia en la lucha contra la dictadura de Ben Alí y los acercamientos con las organizaciones política de Túnez.

-¿Cómo logró la sociedad presionar a la dictadura de Túnez para lograr su caída?

-No fuimos nosotros quienes sacamos a Ben Alí. Antes de la revolución no había libertad de expresión, había mucha corrupción en todo lo que trabajaba alrededor del gobierno; había un desequilibrio en la distribución de las riquezas, en la justicia social y eso podía llevar a una explosión en cualquier momento. Creo que aquel vendedor de frutas que se quemó y la cooperación de los cuerpos de seguridad, que fue la mecha que desencadenó todo. Fue un momento crucial que hizo el cambio. La juventud revolucionaria aprovechó ese momento de cómo aquel joven se echó hidrocarburo y se quemó. Distintas organizaciones de la sociedad civil hicieron ese aglomerado contra la dictadura. Invertimos ese clamor de la juventud y llamamos a paro, a concentraciones, marchas y reclamos, bloqueamos toda actividad y la juventud llenó las calles. Llamamos a un paro nacional el 14 de enero, hicimos una revolución entre todos los sectores de la vida nacional. Ante el miedo, el dictador abandonó el país.

-¿Por qué cree que han fracasado los procesos de diálogo venezolanos hasta ahora?

-Creo que deberían preguntarle a los responsables. No tengo cómo opinar o entender por qué no han funcionado. No estuve allí y no sé las causas. La mejor y más oportuna solución es un diálogo político entre los factores de conflicto. Puede haber diferencias, contradicciones entre los partidos políticos, pero aquí juega la sociedad civil un papel muy importante en acercar las distancias. La sociedad civil puede lanzar iniciativas, propuestas para que se sienten todos en la mesa y allí sí se pueden conseguir las soluciones.

Tecnócratas

Al comentar sobre el gobierno de tecnócratas que se conformó en Túnez para la transición a la democracia y cuyo objetivo fue abordar cada uno de los difíciles problemas que atravesaba ese país a la caída de la dictadura, Abassi enfatizó que no existe una solución mágica que sirva como ejemplo para aplicar en otras realidades; sin embargo, señaló que la base para la solución es un diálogo que pueda tomar en cuenta todos los conflictos sociales, económicos, políticos.

“La solución no va a ser de la noche a la mañana, va a tomar tiempo y tienen que tener paciencia. Luego se llega a un acuerdo y se toman uno a uno los asuntos que se van resolviendo sobre la marcha. Un gobierno de tecnócratas y de acuerdos nace en un momento de conflicto, de vacío de poder, de crisis muy acentuada y ahí se compone ese tipo de gobiernos, que sería de acuerdos entre las partes”.

Insistió en que todas las soluciones duraderas surgen a partir del diálogo y destacó que “cuando te sientas en la mesa de diálogo tienes que tener ya tus peticiones, lo que necesitas, lo que pide el otro y lo que tú quieres”.

-¿Cómo se siente luego de haber ganado un premio Nobel?

-Normal. No soy el único, he estado con tres compañeros, el cuarteto, conformamos un diálogo nacional y nuestro propósito fue que funcionara el diálogo. No hemos tenido dobles intenciones, no buscamos ser galardonados. Puede ser que los organismos involucrados nos observaron y pensaron que nos merecíamos ese premio, pero para nosotros hicimos nuestro trabajo, consideramos que hemos triunfado como una buena experiencia en el mundo árabe y el mundo entero. Hemos obtenido otros premios y el más importante es el Nobel.

“El premio no es para nosotros, es para la gente que colaboró con nosotros, es un premio para el pueblo tunecino. Como las partes en conflicto aceptaron sentarse en una sola mesa para conseguir soluciones. Siendo sindicalista me imagino que es una de las mejores pruebas. Es un premio para todas las organizaciones”, concluyó.