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Este lunes, en el marco de la jornada de retorno a clases de los estudiantes de educación media a los planteles públicos y privados del país, Nicolás Maduro afirmó que 2.492.874 estudiantes se incorporaron al año Escolar 2018-2019, de los cuales, 1.958.155 pertenecen a la educación pública y 535.719 corresponden a la educación privada.

Maduro indicó en cadena nacional de radio y televisión, que para esta etapa la escolaridad aumentó 7% en relación al año escolar 2017-2018. “La educación venezolana marcando su paso hacia el futuro. Educación de calidad, humanística, científica, para construir los valores, el patriotismo”, afirmó desde Miraflores.

Contrario a dichas afirmaciones, Provea ha venido constatando en sus más recientes Informes Anuales un continuo decrecimiento de la matrícula de estudiantes en todos los niveles de la educación venezolana.

En nuestro Informe Anual 2015 reflejamos que el total de estudiantes, de primero a sexto año incluyendo sector público y privado, fue de 2.301.822. De ellos 1.526.242 (66,31%) de primero a tercer año; 749.287 (32,55%) en cuarto y quinto año y 26.293 (1,14%) en la modalidad sexto año. Para el periodo escolar 2016-2017 el gobierno afirmó que en ese lapso había un total de 2.301.822, es decir, la cifra exacta del año escolar anterior. Esto demuestra la manera nada responsable del gobierno para divulgar cifras en materia social.

El 02 de octubre de 2017, el entonces ministro de Educación, Elias Jaua Milano informó que 2.200.000 alumnos iniciaban clases en la educación media para el período 2017-2018. Un año antes el Ministerio del Poder Popular para la Educación (MPPE) había informado que la cifra era de 2.301.822. Es decir, 101.822 estudiantes menos entre un año y el siguiente. Si la cifra correspondiente a octubre de 2017 se contrasta con la matrícula de educación media del lapso 2012-2013, la diferencia es de 172.098 estudiantes menos.

La disminución de la matrícula obedece a varias razones. La profunda crisis económica y social obliga a los adolescentes a incorporarse a las actividades de búsqueda de recursos, puesto que el ingreso familiar resulta insuficiente y obliga a varios integrantes de la familia a realizar esfuerzos por incrementarlos. Otro grupo de jóvenes posiblemente integra parte de la masiva emigración; y finalmente algunos jóvenes no poseen recursos suficientes para pagar pasajes y tampoco tienen la garantía de asistir a clases como mínimo con el desayuno ingerido. Se a ello le sumamos el colapso generalizado de los servicios públicos, y particularmente del transporte, la situación se torna aún más dramática para los estudiantes venezolanos.

Según la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) correspondiente a 2017, entre 2015 y 2017 el acceso a la educación en la población de 3 a 24 años, en promedio, descendió de 78% a 71%. Según la Encovi, 2.546.000 personas entre 3 y 24 años no asisten a ningún nivel educativo. El estudio afirma que en las encuestas de 2016 y 2017 han dado cuenta de poco más de un millón de niños, niñas y adolescentes de 3 a 17 años desescolarizados, cuando el esfuerzo masificador ha tocado techo.

La mentira se ha convertido en una política de Estado. La mitomanía oficial crece en la medida en que aumenta la opacidad sobre la gestión pública y se obstaculiza el derecho a la información de la ciudadanía. Desde la llegada al poder de Nicolás Maduro todos los indicadores sociales han entrado en caída libre producto de la indolencia y el deliberado empobrecimiento de la población. En un contexto de emergencia humanitaria compleja, la pobreza y le exclusión se han ubicado en niveles históricos y cientos de miles de familias han abandonado el país huyendo del hambre. En medio de la mayor crisis económica y social de nuestra historia es imposible tomar como ciertas las cifras divulgadas por un gobierno que se ha acostumbrado a mentir.


Prensa Provea