
Con tres años de diferencia, Yuleidis Machado perdió dos hijos por acción de funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana. No ha habido justicia para su hijo mayor, Carlos Alberto Perdomo Machado, ejecutado el 28 de marzo de 2023.
Hoy, la busca para Elvis Daniel Urbina Machado, fallecido el 4 de marzo de 2026 en lo que el parte oficial difundido por medios de comunicación califica como “enfrentamiento”, pero vecinas y vecinos afirman que fue un ajusticiamiento
Vanessa Davies, especial para Provea
Caracas.- En la cocina de la casa de Yuleidis Machado se lee “Elvis Filiz Cumpleaños”, frase escrita en letras verdes sobre una pared aguamarina ajada por el tiempo.
Es la misma cocina del Barrio 19 de Abril de Petare donde, según el testimonio de vecinas y vecinos, Elvis Daniel Urbina Machado -el hijo menor de Yuleidis- fue torturado y baleado por funcionarias y funcionarios de la Unidad Contra Bandas Criminales de la Policía Nacional Bolivariana (PNB).
Quienes escucharon la agonía de Elvis dan fe de que el joven, de 16 de años de edad y padre de un bebé de escasos meses, rogó por su vida mientras presuntamente lo asfixiaban y le caían a batazos, hasta que sus quejidos se apagaron poco a poco.
Los hechos ocurrieron en la mañana del 4 de marzo de 2026, cuando una cantidad no determinada de uniformadas y uniformados ingresó al callejón Los Cardenales en el Barrio 19 de Abril.

Vecinas y vecinos quedaron prácticamente secuestrados durante más de 10 horas, porque les impidieron moverse de sus residencias. Permanecieron a merced de las botas que pisaban las escaleras y revolvían el apartamento de Machado.
En una de las dos habitaciones mataron a dos muchachos de la zona. En la cocina, a Elvis, a pesar de que el adolescente suplicó “no me maten, tengo un hijo”.
La versión oficial -registrada por el periodismo de sucesos- reporta un “enfrentamiento” tras la búsqueda de un sujeto apodado Pinky, supuesto cabecilla de un grupo delictivo.
La historia policial sostiene que la mañana del 4 de marzo, cerca del callejón Los Cardenales, varias personas corrieron al ver a la policía, y que tres sujetos se metieron en una residencia y accionaron sus armas de fuego contra los uniformados; de allí, tal como sigue el parte, “El Diente”, “Elvis” y otro hombre sin identificar salieron con vida, pero llegaron a un hospital sin signos vitales.
El relato de la comunidad dibuja una historia diferente, en la que no había ciudadanos al margen de la ley ni hubo enfrentamiento.
El informe forense recoge que Elvis murió de “shock hipovolémico por herida por el paso de proyectil único por arma de fuego al tórax”.
Palabras más, conceptos menos, que falleció desangrado por una bala en su pecho.
Sin embargo, la familia asegura que en la cocina -que estaba “arrebatada de sangre”- encontraron una bolsa con la que lo habrían asfixiado.
Sobre otra pared reposan dos bates; supuestamente con uno de ellos le eliminaron las piezas dentales. Yuleidis, de 37 años de edad, tiene los dientes grandes de la gente de Barlovento (Miranda), y no le pasó desapercibido que, al reconocer a su muchacho en el Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (morgue de Bello Monte), su boca luciera vacía.

En “La Vecindad del Chavo”
Ascender hacia el barrio 19 de Julio es como entrar a una ciudad con sus propias reglas.
Los delivery que transportan las pizzas y el sushi al este de Caracas aquí están en su barrio, con sus hijos montados en el asiento de atrás de la moto como “parrilleros”.
Se camina por el medio de la calle, porque en los bordes de la vía se despliega el comercio ambulante.
A medida que se avanza montaña arriba, la calle se va estrechando. En un punto del camino, a mano derecha, se encuentra el callejón Los Cardenales. De allí en adelante se continúa a pie.

A media cuadra se yergue “La Vecindad del Chavo”. Cuentan que así la llamaba Elvis porque realmente es una vecindad de familiares cercanos y personas amigas.
Se trata de un edificio de los que se levantan en las zonas populares, donde hay una reja común, varios pisos sin puerta y una escalera que los comunica.
También se conoce el sector como El Planeta de los Simios, resalta Wuileidys Chacón, joven de 20 años hermana de Elvis y de Carlos y la única hija que le sobrevive a Yuleidis Machado.
Subes dos pisos y te encuentras con el apartamento de Yuleidis, donde las marcas de los disparos son un mal adorno en las paredes.
En una habitación permanece el colchón en el que las comisiones de la PNB presuntamente habrían matado a dos jóvenes de la zona; en el piso persisten los restos de sangre. En otra habitación se amontonan objetos. En la cocina, los bates son el recuerdo de lo sucedido una semana antes.
“Aquí vivimos de toda la vida. Yo tengo 37 años, nací aquí, me crie aquí. Todo este callejón es pura familia”, explica Yuleidis, dispuesta a desmenuzar las varias tragedias.
Porque la denuncia inicial se centró en el caso de Elvis, pero la realidad es que ya son dos hijos los que le ha quitado la policía. Los dos, en el mes de marzo, con tres años de diferencia.
A Carlos Alberto, en marzo de 2023. A Elvis, en marzo de 2026. No hay dolores iguales, pero el llanto de la madre en brazos de su comadre es por su muchachito de 16 años, la herida abierta hoy; y por su muchacho de 18 años, una cicatriz de 2023 que vuelve a revivir.

Carlos Alberto: “No me maten, que no soy ningún malandro”
La madre habla, de entrada, de Carlos Alberto Perdomo Machado, “el primer hijo que me mató la policía”. El 28 de marzo se cumplen tres años de esta pena que se instaló en su corazón
“Carlos Alberto lo que hacía era patinar. Ayudaba a la gente. Jugaba básquet. Cargaba bolsas de comida, agua, bombonas de gas”, describe Yuleidis.
Cursó hasta primer año en la unidad educativa Napoleón Baute, en Petare. “También sembraba. La agricultura le llamaba la atención”.
En Tacarigua de Mamporal (Barlovento) cosechaba plátanos, cambures, cacao. Tenía un antecedente policial, de 2022, por porte ilícito de arma de fuego.
Su mamá afirma que “me lo ‘sembraron’. Le ‘sembraron’ un porte de armas. Me lo dejaron bajo presentación”.
En la mañana del 28 de marzo de 2023 el joven estaba en la calle.
“Los policías llegaron disparando, y el primer disparo lo recibió en la pierna”, rememora Yuleidis.
“Él corrió, asustado, y se escondió en un callejón sin salida”. Alguien de la comunidad pudo ver lo que pasó.
“Él estaba orando, porque nosotros somos de familia cristiana. Esa persona que lo vio orando le dijo que también clamaría con él. La policía se acercó, le ordenó a mi hijo que bajara y lo ayudó a bajar. Lo sentaron. Carlos Alberto les dijo ‘no me maten, que no soy ningún malandro’. Y ellos igual le dieron el tiro”. Tenía 18 años.
La familia denunció lo sucedido. “Fui a la Fiscalía, fui a la Defensoría del Pueblo. Tomaron el caso, pero usted sabe cómo es todo. El caso se quedó así”, comenta.
Por lo que refiere, llegaron a la fase de juicio contra cuatro funcionarios de la PNB, pero siempre faltaba algo “hasta que me cansé de ir, porque sentía que lo tomaban a juego”.

Elvis: “No me maten, que tengo un hijo”
La historia se repitió tres años después con Elvis Daniel. “Yo no estaba en Caracas cuando pasó. Yo estaba en el monte (Barlovento) agarrando cacao, porque nosotros trabajamos con eso. Lo mismo hacía Elvis”, especifica la madre.
Familiares y vecinos retratan a Elvis como un muchacho hiperactivo.
Yuleidis asevera que era tremendo, que llegó a primer año de Bachillerato y que no arrastraba problemas con la policía: “Nunca estuvo detenido, nunca tuvo expediente”.
Wuileidys lo etiqueta como un hermanito fastidioso. “Era un niño todavía: inmaduro, hiperactivo, fastidioso”. Un vecino bromea: “Los hermanos se llevaban como perro y gato”. Y ella lo ataja: “Si pasaba algo, yo salía a defenderlo”.
La madrina lo califica como “un niño atrapado en el cuerpo de un adolescente”, servicial e inocente. “¿Qué él tenía la zona azotada? Jamás. A veces me pedía que le fiara un refresco. Mi última conversación con él fue la noche antes de que lo mataron, para pedirme un arroz”.
De acuerdo con Yuleidis, su hijo Elvis estaba en Barlovento trabajando en el campo y regresó a Petare el sábado 28 de febrero para entregarle cosas a su pequeño.
Porque el adolescente era papá de Emmanuel Urbina, un bebé de seis meses que nació con problemas intestinales –“en la tripita”, precisa la abuela- y va camino a una tercera cirugía en el Hospital Domingo Luciani a fin de retirarle la colostomía.
En la mañana del pasado 4 de marzo Wuileidys, hermana de Elvis, salió temprano de la casa para hacerle unos exámenes a su hijo de cuatro años. Dejó al muchacho durmiendo en la casa con otra prima.
“Se acostó sabrá Dios a qué hora, y no lo desperté”, acota. Varias personas cuentan, con base en lo que pudieron oír, que los policías ingresaron al apartamento a las 9:00 de la mañana, se metieron en un cuarto y mandaron a callar a la prima.
Se escucharon murmullos en la cocina. Sonaron disparos. Elvis gritó, y luego su voz fue bajando hasta convertirse en un susurro, un “ay, ay” y varios “por favor”. En los oídos de sus vecinos repicó la frase “no me maten, que tengo un hijo”.
Gente del sector comenzó a llamar a Wuileidys para avisarle que algo estaba pasando en la casa. Retornó al barrio, pudo entrar a su vivienda y encaró a los policías.
“Mi hermano, mi hermano”, demandó. “Hubo un enfrentamiento. ¿Con quién vives aquí?”, interrogaron los funcionarios, a lo que ella replicó: “Con mi mamá, con mi hijo y mi pareja y mi hermano”.
Un policía repitió: “Hubo un enfrentamiento, y aquí en tu casa había 10 malandros”.
Wuileidys ripostó: “¿Quéeeeeee? Si a mi hermano yo lo dejé durmiendo con mi prima. Salí de mi casa a las 8:00 de la mañana y dejé a mi hermano durmiendo en su cama, y mi prima estaba durmiendo en el colchón. En mi casa no había ningunos malandros”.

De cómo llegaron los otros dos muchachos al hogar de los Machado, nadie pudo puntualizar nada; un comentario asoma que podrían haber sido llevados por la policía desde otro lugar. A Wuileidys le revisaron el teléfono, le notificaron que su hermano estaba herido; alguien de uniforme propuso “vamos a meterla presa”, pero otro funcionario se negó.
“Me preguntaron ‘¿cómo se llama tu hermano?’, y respondí ‘Elvis Urbina’. Un policía informó ‘esta es familia de uno de los difuntos’. Lo fui a buscar por todos lados, pero no lo encontré”, revive.
No le quería contar nada a su mamá. El cuerpo del joven estaba en el Hospital Domingo Luciani.
La muchacha acudió a la sede del Cicpc para entregar un documento del hospital, pero hecha un mar de lágrimas, rememora.
“Yo lloraba, lloraba y lloraba. Me sentía muy mal. Me mataron a mi hermano. ‘¿Por qué tú lloras, si sabías que tu hermano era un delincuente?’, me dijo un policía. ‘Mi hermano no era ningún delincuente’, le expliqué. ‘¿Cómo se la rebuscaba?’, me regañó. ‘Pidiendo por ahí, cargando escombros, cargando materiales. Era fastidioso, pero ningún delincuente’. Me trataron malísimo y me dijeron que mi mamá tenía que ir al día siguiente”.
La mala noticia se difundió en Barlovento cuando Yuleidis estaba en la faena agrícola. “Me llamaron, me dijeron que me viniera a Caracas ‘porque hay un montón de policías dentro de tu casa’, me dijeron que se escucharon unos tiros. En ese momento, recordé lo que pasó con Carlos y le comenté a mi esposo ‘ya me mataron a Elvis’. Es que ya tuve la primera experiencia”.
Regresar de Burguillos (Barlovento) a Caracas el pasado 4 de marzo no fue tan fácil para ella. “A las 5:00 de la tarde llegué a la zona y me metieron por la parte de atrás, porque todo seguía trancado. Empecé a llorar. Seguía la policía en la casa, se escuchaban golpes”.
Pero sacó fuerzas, exclamó “ya basta”, y trató de entrar a su vivienda.
“Uno de los policías se me puso enfrente y me preguntó: ‘Señora, ¿para dónde va?’. Le respondí: ‘Para mi casa. Ya ustedes hicieron lo que hicieron. Me están tumbando la casa’. Estaban golpeando todo”.
Vecinas y vecinos la apoyaron, salieron con sus teléfonos para grabar lo que ocurría. Trataron de ahorrarle el impacto.
– ¿Rompieron algo?
–Todo, todo. Las paredes no estaban así. Me rompieron el caldero, los cuadros, el baño. Mira los tiros que lanzaron al baño. Ellos hicieron esto como si fuera un enfrentamiento. Le entraron a tiros a esto, a lo otro… ¿Y por qué el televisor no recibió tiros? ¿Por qué el wifi no recibió tiros, y los cuadros, sí?
No ha contado la cantidad de disparos. Solo refiere que unos quedaron en la habitación donde supuestamente mataron a dos jóvenes mientras a Elvis lo llevaban a la cocina y “se ensañaron con él”. Le han confirmado que todos pidieron que no los mataran, que se los llevaran presos, “pero igual los mataron”.

Los bates son el objeto que la atormenta. “Con los dos bates le dieron a Elvis. Hay un perol, que también se lo metieron con una bolsa”, expone. “Elvis no tenía los dientes malos. En todas sus fotos sale con los dientes completos. Él tenía sus dientes completos”.
Pero, de acuerdo con la narración, dejó de tenerlos esa mañana.
Primero le mostraron el cuerpo de Elvis por computadora, y ella pudo observar “que tenía los ojos hacia arriba, un morado y la boca medio abierta. Imagino que ellos la arreglaron para que yo no me sorprendiera”.
Pero “cuando fui a reconocerlo, me quedé impresionada porque lo vi sin los dientes, con el morado, los ojos. Se le veía un golpe en la cabeza”.
Un familiar admite que le produjo un gran impacto ver al muchacho en la urna y sin su dentadura.
Un oficial le aclaró a la madre que no habría velorio. “Pues lo siento”, espetó Yuleidis. “Ellos querían que no lo filmaran, para que no tuviéramos pruebas de lo que le habían hecho”, insiste.
-¿Lo pudo velar?
-No. Lo llevaron al Cementerio General del Sur. Fue “una parranda” de policías, como si hubiesen llevado un capo o un delincuente. Cuando íbamos en la carroza, ellos pararon todos los autobuses.
Madres Poderosas: apoyo y comprensión
Madres Poderosas, colectivo de familiares de víctimas de ejecuciones extrajudiciales, está respaldando a la familia de Elvis. Carmen Arroyo, fundadora de la organización, es la madre de Cristian Charris, joven asesinado por funcionarios de la Fuerza de Acciones Especiales (FAES) en septiembre de 2018.
Ella ha sentido en carne propia las mismas espinas que hoy se clavan en Yuleidis. “La estamos acompañando para que no se sienta sola en este camino que desgraciadamente no ha debido tocarle; para que sepa que somos miles de madres que estamos viviendo el horror, que no es ella sola”, sentencia.
El año 2023, según el Observatorio Venezolano de Violencia, cerró con 6.973 muertes violentas, 953 de ellas ocurridas por intervención policial; en promedio, tres al día.
A los muchachos de los barrios “los criminalizan por el simple hecho de ser de piel morena y tener tatuajes”, lamenta. “El patrón de siempre es el del supuesto enfrentamiento y la resistencia a la autoridad”, destaca Arroyo.
Las palabras son otra arma que algunos funcionarios policiales usan contra las madres.
“Se dedican a insultarnos a nosotras, las madres, con frases como ‘malditas viejas’, ‘alcahuetas que crían puros malandros’. Y nos advierten: ‘Si nos denuncian, venimos por los otros hijos que te quedan’. También roban todo lo que consiguen en las casas, violentando los hogares”.
El comité ha recogido 15 casos. Se suma, ahora, el de Elvis Daniel Urbina Machado.
A Yuleidis “vamos a brindarle el acompañamiento necesario para que sepa cómo ir a Fiscalía, cómo exigir justicia para que se empodere de su caso, cómo hacer un escrito; y, sobre todo, para no rendirse, porque esta es una lucha de largo aliento en la que reinan la impunidad y el retardo procesal”.
Cada día, lamenta Arroyo, los cuerpos de seguridad “actúan con más premeditación y alevosía para cometer las ejecuciones extrajudiciales de nuestros hijos en las barriadas de mi país”. Pero, agrega, “como siempre decimos, la justicia divina llega en el momento que tiene que llegar, y a ellos les va a llegar; de eso no tenemos la mínima duda. Y la terrenal también les llegará”.
“No me lo van a devolver” pero “ya basta ya”
Yuleidis Machado pide justicia: “No me van a devolver a Elvis, ni a Carlos. A ninguno de los familiares le van a devolver a sus muchachos. Pero ya basta ya. Ya basta ya de que esa gente mate a gente inocente, de que dejen a niños sin sus papás, de que dejen a las madres. Sean delincuentes o no sean delincuentes, ellos no tienen ningún derecho de quitarles la vida. Mi hijo no era un delincuente; jamás. Pero los policías no tienen derecho de quitarle la vida a nadie”.
La embarga la rabia. “Ya basta. Ya son dos hijos, y sin poder hacer nada. Nos amedrentan”. Pero decidió no quedarse callada, “porque si me callo, va a volver a suceder lo mismo. Hoy es el mío. ¿Qué vamos a esperar? ¿Que sea otro?”. La madre advierte que alguien hizo un montaje con una foto de su hija y del supuesto Pinky. “¿También? ¿Qué más quieren? ¿Acabar con la familia mía? ¿Con todos mis hijos?”, preguntó entre lágrimas.
Por el procedimiento policial efectuado el 4 de marzo en Los Cardenales hay tres personas detenidas en la sede de la Unidad Contra Bandas de Petare: un hombre, una mujer y un adolescente.
Los familiares también temen por ellos. Una persona allegada alega que dios se encargará, “pero también están las leyes. Si hay malandros, que los lleven ante la ley; que se acabe esta injusticia”.
Carlos Alberto y Elvis Daniel están enterrados en zonas distintas del Cementerio General del Sur. Yuleidis remarca: “Yo tenía tres hijos. Ahora solo me queda una, la niña. Y mis dos nietos, que son el hijo de Elvis y el hijo de Wuileidys”.
La mamá se abraza a su comadre en la misma cocina donde su hijo menor, como lo atestiguan los vecinos, padeció un calvario.
“Ay, mi bebé… me quitaron a mi otro bebé”, gime. Se acerca Wuileidys y ahora son seis brazos los que se unen en el mismo duelo.








